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Interbolsa: los millonarios bienes que siguen escondidos

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Interbolsa: los millonarios bienes que siguen escondidos Foto: Archivo particular
Jorge Arabia, quien fue durante años la mano derecha del presidente de la comisionista, reveló un listado de apartamentos en Miami, cuentas en Bahamas, yates y fincas que no habrían sido reportados a la justicia.
Jorge Arabia Watemberg fue durante varios años la mano derecha de Rodrigo Jaramillo Correa, presidente del Grupo Interbolsa. Entró a la organización en el 2004 como vicepresidente administrativo y pronto pasó a ser el vicepresidente financiero.
Aunque no manejó clientes o corredores de bolsa, ni tampoco tuvo un vínculo directo con las áreas de operaciones y de riesgos, fue un testigo privilegiado de todos los movimientos que ocurrían al interior de Interbolsa. Por eso, su testimonio y sus pruebas fueron tan valiosos para las investigaciones de la Fiscalía para conocer en realidad qué pasó y qué destino tomaron muchos de los dineros invertidos en este grupo financiero.
Precisamente durante las diligencias judiciales, Arabia Watemberg reportó cuáles eran los bienes de los cerebros del millonario desfalco. Pero hoy, según los abogados de las víctimas del caso, ellos no tienen información de lo que ha pasado con dichas propiedades.
Por eso, solicitaron a la Dirección de Extinción de Dominio de la Fiscalía que se les informe sobre lo que ha pasado con estos y qué medidas se han tomado en relación con los bienes que mencionó el empresario.
Las víctimas alegan que esta información es de vital importancia para que sean reparadas.
Así, según lo reveló La W Radio, estos serían los bienes que fueron reportados por Arabia Watemberg y por los que piden explicaciones al ente acusador.
1. Tomás Jaramillo
El empresario fue condenado en abril de este año por los delitos de manipulación fraudulenta de especie, estafa agravada y concierto para delinquir.
Bienes: Cinco apartamentos, uno de ellos ubicado en el barrio El Poblado, en Medellín, otro en Bogotá y tres en Miami. Una finca en Tabio, Cundinamarca, en conjunto con Juan Carlos Ortiz. Participación lote Cabo Tortuga en Santa Marta. Participación en finca Palmeras, en Jericó, Antioquia. Un yate Gaira Sunseeker 52, localizado en la bahía de Santa Marta. Una camioneta Vehículo Toyota Landcruiser. Participación empresa Sesser Corporation. Y una cuenta en EFG Bank Bahamas.
2. Juan Carlos Ortiz
Ortiz fue condenado por los delitos de manipulación fraudulenta de especie, estafa agravada y concierto para delinquir.
Bienes: Una casa en Bogotá. Dos fincas, una en Tabio (Cundinamarca) y la otra en Meta. Una camioneta Landcruiser Sahara. Un edificio en Bogotá. Un apartamento en Key Biscayne, otro en Boca Ratón, Florida, y tres en Torre Icon en Miami. Participación lote Cabo Tortuga, Santa Marta. Participación empresa Sesser Corporation. Posibles cuentas bancarias en EFG Bank Bahamas, Occidental Bank Barbados y Banco Colpatria Cayman.
3. Alessandro Corridori
Es procesado por manipulación irregular de las acciones de fabricato y por el desvío de millonarios recursos de los inversionistas al Fondo Premium. La Fiscalía lo acusó por los delitos de concierto para delinquir, manipulación de especies y administración desleal.
Bienes: Una cuenta en el Banco EFG Bahamas. Un Porsche Cayenne, localizado en Miami. Un apartamento en Estados Unidos. Siete inversiones de propiedad raíz en Florida (EE. UU.) que, supuestamente, realizó retirando recursos de Interbolsa. Una Toyota Prado blindada. Dos motos de alto cilindraje en Bogotá. Un apartamento en Bogotá. Acciones en Fabricato, hasta el último registro aparecía con 108.389.912 millones de acciones. Y participación en Metropolitan Fund, en Curacao.
4. Rodrigo Jaramillo
El expresidente de Interbolsa fue condenado a siete años de prisión por los delitos de manipulación fraudulenta de especies y administración desleal. Actualmente se enfrenta a un juicio por los cargos de operaciones no autorizadas y concierto para delinquir.
Bienes: Un apartamento en El Poblado, en Medellín, y otro en Estados Unidos. Finca Palmeras en Jericó, Antioquia. Y una cuenta en EFG Bank en Las Bahamas.
5. Víctor Maldonado
El empresario es procesado por los delitos de estafa agravada, captación masiva de dineros, no reintegro de dinero y concierto para delinquir.
Bienes: Un apartamento y un penthouse en Miami, Florida. Y una finca en Tenjo (Cundinamarca).
6. Rachid Maluf
El exdirectivo del fondo de inversiones Interbolsa fue acusado por la Fiscalía por los delitos de captación, omisión de reintegro, estafa agravada, concierto para delinquir, manipulación de acciones y manipulación desleal.
Bienes: Un velero Beneteau 411 Princess Ivory, ubicado en Marina Manga, Cartagena.

Estraval y Elite: La nueva gran estafa

1:54


El billonario desfalco financiero de Estraval y Elite que llega a 1,5 billones de pesos
 César Mondragón, uno de los dueños de Estraval, pensaba que el Deutsche Bank, como inversionista, podría salvarlos de la crisis, pero el negocio se dañó. Alejandro Navas, presidente de Elite, responsabiliza a las cooperativas aduciendo que estas incumplieron los pagos.
Después de los escándalos de InterBolsa estalla un millonario desfalco financiero que tendría comprometidos 1,5 billones de pesos. ¿Cómo se llegó a este nuevo desastre?

Mientras el país está concentrado en las campañas por el Sí y por el No del plebiscito, muchos colombianos no se han dado cuenta de que estalló un nuevo escándalo financiero de proporciones gigantescas. En el descalabro están comprometidos al menos 1,5 billones de pesos, de los cuales un alto porcentaje está en grave riesgo de perderse. Se trata de dinero de más de 10.000 inversionistas, la mayoría personas naturales de estratos medio y alto en todo el país.
Hasta ahora, solo se conoce la punta del iceberg de este colapso, pero todo indica que no se trata de una simple quiebra empresarial, sino de un oscuro capítulo que involucraría modalidades delictivas, como captación masiva e ilegal, estafa, fraude, falsedad en documento, concierto para delinquir y hasta posible lavado de activos.
Es difícil de entender cómo estalla un nuevo escándalo financiero en Colombia, cuando el país todavía no se repone de colapsos económicos que ocurrieron en menos de diez años como las pirámides de DMG y DRFE, o los desastres de InterBolsa, el Fondo Premium, Factor Group y Proyectar Valores, solo para citar los más graves y mediáticos.
¿Por qué las autoridades no se dieron cuenta de que se estaba gestando un lío de esta magnitud, que pondría en riesgo más de un billón de pesos? ¿Cómo es posible que las personas nuevamente, seducidas por las jugosas rentabilidades, entreguen su dinero de esa forma? ¿Será que nadie ha aprendido la lección? ¿Dónde están los reguladores y las supervisiones del Estado? Y en este nuevo caso, ¿quiénes son los directamente responsables del engaño y posible fraude? Pero, además, ¿qué está haciendo el gobierno para enfrentar la nueva crisis?
Responder estos interrogantes no es sencillo. Primero hay que decir que en el meollo del nuevo gran escándalo están las libranzas, una figura utilizada desde hace muchos años para otorgar crédito a empleados y pensionados que de esta forma acceden a préstamos más fácilmente que en el mercado tradicional.
En teoría, las libranzas son muy seguras porque el recaudo de las cuotas está garantizado, dado que el deudor autoriza a su empleador a descontarle cada mes, de su sueldo, una suma determinada. Y a su turno, este último se compromete a entregarle el dinero al establecimiento de crédito directamente. Los bancos son los grandes jugadores del crédito de libranza, pero no son los únicos. También cooperativas, fondos de empleados y otras sociedades comerciales pueden ofrecer este tipo de préstamos, que deben otorgar con su propio capital.
Claramente, la libranza como modalidad de crédito no tiene ningún misterio. El asunto se complica cuando los pagarés que respaldan la deuda se negocian en el mercado secundario. Es decir, son vendidos –como si fueran un título valor– a inversionistas que obtienen a cambio rendimientos muy jugosos, por encima de los que ofrecen productos financieros tradicionales.
Participar en toda la cadena de este negocio se volvió muy atractivo, al punto que muchos jugadores nuevos quisieron entrar. De hecho, las libranzas han crecido en forma acelerada a partir de 2012, cuando fue aprobada la Ley 1527 que trató de organizar más esta actividad, pero que de paso permitió la posibilidad de que empresas comerciales también fueran originadoras de crédito, es decir, les amplió el espectro del negocio a estos jugadores extrabancarios. Muchos creen que entonces comenzaron los grandes males.
Según la Superintendencia Financiera, desde 2012 la cartera de este tipo de crédito otorgado por las entidades vigiladas –principalmente bancos– ha ido creciendo a una tasa anual promedio de 17,7 por ciento, y al cierre del primer trimestre del año ascendía a 36,4 billones de pesos (equivalente al 90 por ciento del crédito de vivienda en el país). Pero en estricto sentido, el negocio en manos de los bancos no ha tenido problemas.
Lo que realmente preocupa es la cartera de libranzas en manos de entidades no vigiladas por la Superintendencia Financiera, es decir, las extrabancarias, que según se estima asciende a unos 7 billones de pesos. Si se llegara a afectar un negocio de este tamaño las repercusiones serían enormes. Como dice Luis Fernando López Roca, director del Departamento de Derecho Financiero de la Universidad Externado, hoy los “derivados de las libranzas están amenazando con convertirse, por su monto, en una crisis de incalculables dimensiones”
Los líderes del colapso
En efecto, por donde se le mire el escándalo de las libranzas, que tiene a miles de ahorradores sin dormir, es de marca mayor. Los recursos comprometidos son cuatro y cinco veces toda la plata perdida en el Fondo Premium y los inversionistas afectados son más de diez veces los damnificados por InterBolsa.
Es importante aclarar que el monto de 1,5 billones de pesos hasta ahora comprometido solo corresponde a la operación de libranzas manejadas por los intermediarios que enfrentan graves problemas y están en la mira de las autoridades como Elite, Estraval, Vestigroup, Plus Values y Optimal. Pero en el mercado hay más compañías dedicadas a este negocio, por lo que se teme que el dinero en riesgo pueda aumentar, así como el número de clientes.
Las dos primeras compañías de la anterior lista, es decir, Elite y Estraval, son las más grandes y en ellas han aparecido graves anomalías que tienen aterradas a las autoridades. Hace dos semanas, la Superintendencia de Sociedades anunció que Estraval habría incurrido en captación ilegal de recursos del público, por lo que ya dio traslado a la Fiscalía para que determine las respectivas conductas penales que pueden conducir a más de diez años de cárcel. La superintendencia ordenó la liquidación judicial de los bienes de la firma, de cinco sociedades vinculadas y de 22 funcionarios entre directivos, contadores y revisores fiscales de dichas compañías.
Esta firma realizaba operaciones aparentemente legales a través de la compraventa de cartera. Sin embargo, dice la Supersociedades, la investigación mostró que la empresa recibió recursos que no correspondían a una venta real de libranzas y, además, que no existía una justificación financiera razonable de la rentabilidad pagada y prometida al cliente. Para algunos expertos significaría que la empresa cayó en una pirámide captadora.
El abogado José Luis Giraldo, a nombre de un grupo de víctimas de Estraval, presentó denuncia penal ante la Fiscalía por captación masiva y habitual, no devolución, falsedad, concierto para delinquir y estafa en masa.
En Estraval resultaron afectados más de 4.000 clientes que tienen comprometidos más de 500.000 millones de pesos. Hay toda clase de inversionistas, muchos pensionados que llevaron allí sus ahorros, pero también grandes bancos que habían adquirido pagarés-libranzas, desde el estatal Banco Agrario, que invirtió cerca de 14.000 millones de pesos, hasta el Deutsch Bank –la entidad financiera más grande de Alemania– que tiene pagarés por 78.000 millones de pesos (ver recuadro).
En el caso de Elite la situación no es menos grave. La Superintendencia de Sociedades ordenó reorganizar la compañía y decretó el embargo de sus bienes. Esta firma, que ya había sido sometida a control, reconoció hace más de dos meses que tenía dificultades para hacerles el pago mensual a los inversionistas, por lo que decidió posponer por 45 días el giro de los mismos. El problema es que la situación, en lugar de resolverse, se agravó.
La superintendencia no encuentra razonable que la firma usara como excusa para no pagarles a los clientes su relación con las cooperativas originadoras de los créditos. Elite ha tratado de responsabilizarlas por su colapso, alegando que esas entidades solidarias fueron las que fallaron. Incluso, las directivas intentaron que sus clientes les dieran un poder para que el abogado Jaime Lombana demandara a las cooperativas. Para la superintendencia esto es insólito, porque Elite vendió pagarés-libranzas con cláusula de responsabilidad, lo que significa que se obliga solidariamente a responderle al inversionista.
Aunque las autoridades apenas están escudriñando lo sucedido en Elite, SEMANA tuvo acceso al testimonio de algunos clientes que muestra cómo los habrían estafado al entregarles pagarés-libranzas falsos, alterados o sin respaldo (ver recuadro). En estas operaciones no solo habrían engañado a estos inversionistas, sino a los empleados y pensionados que recibían los préstamos.
Hay que señalar que, tanto en Estraval como en Elite, las autoridades han encontrado una relación impropia entre estas firmas y las cooperativas que les generaban los créditos que ellos después negociaban. Por eso no resulta lógico que ahora directivos de estas empresas quieran responsabilizar a las entidades solidarias del fracaso.
Enrique Valderrama, presidente de la Federación Colombiana de Cooperativas de Ahorro y Crédito y Financieras (Fecolfin), dice que “estos empresarios no se pueden salir por la tangente diciendo que las cooperativas armaron todo este lío, cuando ellos utilizaron pagarés para captar recursos de inversionistas a tasas más atractivas que las ofrecidas por las entidades dentro del orden social. Aquí se configuró una estafa”.
El cascabel al gato
Esta crisis ha dejado al descubierto nuevamente que el negocio de las libranzas y sus derivados carece de controles efectivos del Estado. Si bien hay una supervisión compartida entre entidades, al final del día este esquema resulta demasiado débil porque las responsabilidades acaban diluidas.
Esta realidad resulta incomprensible dada la magnitud de dinero y ahorro del público que maneja este mercado. Y como siempre, mentes habilidosas y maquiavélicas aprovechan los vacíos de la legislación para montar estructuras que se mueven entre la delgada frontera de lo legal e ilegal y hacerse a grandes ganancias.
En este sentido, cabe anotar que la Superintendencia de Sociedades vigila las compañías del sector real en lo que tiene que ver con el régimen societario. Estas empresas de libranzas están bajo su control, pero a diferencia de la financiera, su vigilancia no es preventiva, lo que limita su alcance para anticipar este tipo de fenómenos.
La Superintendencia de Sociedades ha enfrentado la crisis y ha tomado decisiones con el abanico de opciones que tiene, entre otras para tratar de recuperar activos para los clientes afectados. Pero sus acciones resultan insuficientes para desmantelar organizaciones incursas en conductas penales como estas.
En el caso de la Superintendencia de Economía Solidaria ha quedado demostrado su inoperancia y debilidad para ejercer su función supervisora, como lo ha evidenciado la magnitud de este escándalo. Si bien la regulación y vigilancia es estricta para las cooperativas de ahorro y crédito y para las entidades financieras, no es igual para las llamadas de aporte y crédito, por donde se ha filtrado buena parte de este problema de libranzas. Enrique Valderrama, de Fecolfin, dice que los empresarios de libranzas que han armado este lío se han aprovechado de la figura de las cooperativas de aporte y crédito. De hecho, han impulsado y creado varias de estas para sus fines, como ha quedado demostrado con Estraval.
A muchos no les resulta lógico que la Superintendencia Financiera no aparezca enfrentando esta crisis, como si no tuviera velas en este entierro. La razón es de carácter legal. Los protagonistas del desastre no son instituciones financieras, por lo cual el asunto se escapa de la competencia de esta superintendencia.
Sin embargo, analistas creen que este negocio de la compraventa de libranzas está en el límite de la intermediación financiera y el hecho de que los pagarés-libranzas se hayan convertido en instrumentos de inversión masiva ameritaría una acción de la Superfinanciera. El exsuperintendente Luis Fernando López cree que debe abrirse el debate sobre el enfoque regulatorio y de supervisión para productos financieros, como las libranzas que hoy están libres de regulación.
Ahora bien, el gobierno expidió un decreto que ajusta los controles a todos los que intervienen en la cadena del mercado de las libranzas, y obliga a informar sobre el riesgo de la operación al comprador de títulos respaldados por los créditos. Pero estas medidas son insuficientes. Muchos consideran que se requeriría que una ley fije un régimen especial para esta actividad.
Pero más allá de las disquisiciones legales y de competencias de las superintendencias, lo cierto es que el Estado, nuevamente, fue impotente para anticipar esta nueva bomba financiera que tiene a miles de colombianos en la quiebra. ¿Será que con este nuevo escándalo ahora sí va a tomar medidas de verdad para evitar otro descalabro financiero en el futuro? Por lo pronto, la Fiscalía tiene la palabra para investigar y acusar a los responsables de los delitos cometidos. Y habrá que ver la responsabilidad política de los funcionarios del gobierno encargados de la supervisión, sobre todo de la Superintendencia de Economía Solidaria.

Los 'pecados' del negocio de la alimentacion en cárceles de Colombia

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Sobrecostos, cocinas con ratas y millonarios incumplimientos, aparecen en informe de la Contraloría.

EL TIEMPO.

Por:  JUSTICIA |  
Mientras los ojos del país y de las autoridades han estado puestos en el último año sobre la alimentación escolar, el negocio de la alimentación de los presos –que le cuesta mucho más al erario y del que dependen 121.196 personas– está hoy bajo la lupa de los órganos de control.
Cada año, el Estado paga más de 316.507 millones de pesos a proveedores de todo el país. Algunos de los más poderosos, dice una auditoría de la Contraloría General, ganan una y otra vez las millonarias licitaciones, sin que la calidad del servicio parezca ser un elemento determinante.

Sobrecostos, alimentos preparados sin asepsia, porciones de comida cuyo gramaje no corresponde a lo contratado, cocinas con ratas, comidas frías o que se entregan con retrasos de horas y contratistas que no cumplen los requisitos aparecen en el informe de la Contraloría.
Ocho empresas cuestionadas por esas prácticas mantienen hoy contratos con la Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios (Uspec) por más de 150.000 millones de pesos.
Uno de los ‘zares’ de la alimentación en cárceles es Servialimentar, que desde hace más de cinco años está en el negocio. El año pasado esta firma obtuvo un contrato por 21.928 millones de pesos (el n.° 340 del 2015) para alimentar a los presos de las cárceles de Cómbita y El Barne, en Boyacá. Una comisión de la Contraloría encontró allí un preocupante panorama.
En las cocinas de Barne, por ejemplo, se detectaron “roedores, material inservible, pasto, agua para consumo sucia, plagas, pisos en total deterioro y estufas llenas de grasa”. Eso sin contar las moscas que pululaban, según el informe, en los carros que transportan las comidas.
La mala calidad de los alimentos era tal que en marzo pasado hubo una intoxicación masiva que llevó a que la Secretaría de Salud del departamento cerrara la cocina del penal “porque no cumple con normas sanitarias”. La comida de casi 3.000 internos la preparan en la de Cómbita, lo que ha retrasado la entrega de desayunos y comidas, generando protestas de los reclusos.
Sobre esta última cárcel también hay reparos. La Contraloría cuestiona por qué a pesar de que las raciones son idénticas a las que se envían a El Barne, y además se quedan en el lugar de la preparación, las raciones son más costosas.
Otro de los contratistas cuestionados es el Consorcio Catalimentos, que en diciembre del año pasado suscribió con la Uspec un contrato por 10.880 millones de pesos. En las colinas agrícolas de Acacías (Meta), la Contraloría visitó cuatro zonas de alimentación y observó que “el contratista está incumpliendo con el contrato por cuanto no ha realizado los laboratorios microbiológicos de superficie, medioambiente, de jugos y ensaladas”.
Tampoco ha hecho las adecuaciones necesarias para cumplir con las normas sanitarias, pues “los sitios de distribución de alimentos, patios donde se lava el menaje y se alistan los insumos para la cocción están completamente deteriorados”. Ese incumplimiento, dice la Contraloría, “genera riesgo para la salud de los internos”.
El año pasado la Uspec realizó tres contratos que suman 24.360 millones de pesos con Estrada Navarro S.A.S. con el fin de suministrar alimentos en cárceles del Cesar, La Guajira, Córdoba y Sucre. Según la Contraloría, en el proceso de elección, para demostrar su experiencia, la firma dio una copia de un contrato suscrito en el 2014 con el Hospital Militar, sin mencionar que esta institución lo estaba investigando por incumplimientos.
A esto se suma que la Contraloría visitó a los presos de Valledupar el 21 de abril del 2016 y encontró “falta de aseo y desinfección, malos olores, cucarachas y grasa en la cocina”, lo que a su vez está afectando los ranchos para preparar alimentos que fueron remodelados hace un año.
Y la organización Empresarial NRC, que el año pasado consiguió un contrato por 17.332 millones para servir alimentos a presos de Cali, cocina, según la Contraloría, “en una antigua bodega cuyos pisos son en concreto y presenta desgaste y hundimientos que no permiten un adecuado aseo del lugar”, dice el informe.
Líos desde la firma de contratos
En el 2014 la Unión Temporal Compromiso Social ganó dos contratos (uno por 9.742 millones, y otro por 12.985 millones), para suministrar alimentos en 18 municipios. A pesar de que se encontró que en el proceso entregó una certificación falsa, la Uspec “procedió a la adjudicación y omitió hacer el respectivo análisis, motivo por el cual este hallazgo tiene presunta connotación penal y disciplinaria por violación a los principios de selección objetiva”, dice la Contraloría.
Ese mismo año la Unión Temporal Alianza QTC suscribió con la Unidad un contrato por 5.984 millones de pesos para prestar servicios en Atlántico y San Andrés Islas. En el 2012 uno de los integrantes de esa unión (la Corporación Sol Naciente) había sido multada e inhabilitada tres años por incumplir un contrato de 280 millones.
Y Consorcios GAP, uno de los contratistas que con la Unidad tiene negocios por más de 100.000 millones de pesos por diferentes servicios, sigue ganando licitaciones para entregar alimentos, aún cuando se ha encontrado que ha incumplido en otros contratos como los de adecuaciones de plantas de tratamiento de aguas de las cárceles, negocios en los que ha tenido adiciones y prórrogas.

Escándalo por otro fraude millonario a la salud de Córdoba

23:48

EL TIEMPO.

IPS recobraron más de $ 10.000 millones por servicios no prestados a niños con síndrome de Down.

Al menos 10.000 millones de pesos que la administración del exgobernador de Córdoba Alejandro Lyons Muskus pagó a cuatro instituciones médicas por supuestos tratamientos que debían beneficiar a niños con síndrome de Down o autismo están en la lupa de la Contraloría General.
Esta denuncia del organismo de control se suma a las irregularidades detectadas en esa región al encontrar que IPS de papel habrían defraudado al sistema de salud con recobros de más de 44.000 millones de pesos por tratamientos a falsos pacientes de hemofiliainvestigación revelada por EL TIEMPO hace dos semanas.

Esta vez, la Contraloría detectó que las IPS Girasoles, Unidad Integral de Terapias de la Costa, Crecer & Sonreír Unidad Integral de Rehabilitación y Funtierra Rehabilitación recibieron millonarios recursos por recobros de servicios que no cubre el Plan Obligatorio de Salud (POS), por supuestos tratamientos de neurodesarrollo para niños con síndrome de Down o autismo que, en la mitad de los casos, no se practicaron.
De los más de 10.000 millones de pesos pagados, la Contraloría ha encontrado que 5.264 corresponden a servicios que debía cubrir el POS, pero que la Gobernación pagó directamente sin cobrárselos a las EPS. “Muchas de estas terapias no se realizaron, pero fueron pagadas dado que se facturaron por paquetes y no individualmente. A partir de mínimo 50 tratamientos realizados, ya se facturaban y pagaban la totalidad acordada”, dice el organismo de control fiscal.
De esos recursos por terapias, según la Contraloría, el mayor contratista es Funtierra Rehabilitación IPS Limitada. Se detectó que a pesar de que esta institución no tenía ningún contrato formal con la Gobernación, terminó recibiendo más de 7.000 millones.
El acta del convenio para prestar los servicios en el departamento, dice la investigación, es un documento de dos páginas, sin membretes. Ese documento para la Contraloría no tiene ningún valor legal, pues “se obviaron los requisitos de ley, como son estudios previos, una propuesta formal de la IPS y el contrato”.
La representante legal del centro médico es Tania Margareth Otero Arroyo, quien, según documentos, figura como dueña de la institución junto con Eduardo Padilla Hernández, reconocido abogado de Córdoba y a quien el año pasado la Registraduría le anuló su candidatura a la Gobernación porque las firmas suscritas tenían inconsistencias.
Llama la atención que hace una semana, después de que se denunciaron los desvíos de dineros con el cartel de la hemofilia, Padilla se presentó en la notaría tercera de Montería haciendo una declaración juramentada en la que advierte un supuesto riesgo contra su vida.
En el documento, conocido por EL TIEMPO, Padilla –sin hablar de su relación con Funtierra– afirma que ha denunciado las irregularidades con dineros de la salud en el departamento y que “si algún siniestro u homicida (sic) se lleva a cabo, responsabilizo al señor Alejandro Lyons Muskus, exgobernador de Córdoba”, así como a exfuncionarios de esa administración y de la actual Gobernación.
Otra de las IPS investigadas, Crecer y Sonreír Unidad Integral de Rehabilitación, le entregó al órgano de control soportes de supuestos servicios prestados en tres meses en el 2015. En esos documentos indican que una sola terapeuta atendió 178 pacientes en dos municipios Planeta Rica y Montelíbano, “siendo prácticamente imposible atender este número de usuarios en ambas poblaciones los mismos días”.
Como en el caso del ‘cartel de hemofilia’, la Contraloría detectó que los recobros que la Gobernación pagó a las IPS no habían sido autorizados por las EPS de los supuestos niños beneficiados.
 
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